en respuesta…

Este es uno de esos post que no se como clasificar, que bueno que existe la categoria uncategorized. Lo inspiró un “profesor” de la universidad de donde obtuve mi titulo de pregrado que escribió algo que realmente me movió las tripas. Escribió un improperio. Usando demagogia y palabras fuera de contexto insulta, afrenta a muchos y muchas entre esas a mi. Yo respondí. Les comparto ambos, el articulo del mentado profesor y mi respuesta que definitivamente refleja lo que pienso frente a actitudes despectivas como la mostrada en ese articulo.

Este es el link del articulo:

http://www.udea.edu.co/portal/page/portal/bActualidad/Principal_UdeA/UdeANoticias/Opinion/El%20rebusque%20se%20apropia%20de%20los%20espacios%20universitarios

Este es el articulo del”profesor” Publicado el  THURSDAY , 18 de JULY de 2013

El rebusque se apropia de los espacios universitarios

por Álvaro Cadavid M. PhD. – Profesor Titular UdeA

En un espacio académico y de formación, la cultura del rebusque afecta la autoestima y la dignidad del ser humano; quien defiende esas prácticas, lejos de estar haciendo una acción de solidaridad contribuye a perpetuar la discriminación y la exclusión. Esa actitud “caritativa” hace que el excluido no se rebele contra esa situación de sometimiento, de discriminación y de exclusión.
¿Qué pierde un estudiante, su familia, la sociedad y la Universidad cuando él se dedica a las ventas estacionarias en esta? Cuando los espacios de la Universidad no se utilizan para sus tareas misionales ni para la controversia intelectual y política —o para ejercer la resistencia o la desobediencia civil no violenta o la insumisión política—, la Universidad se privatiza; se le expropian los espacios y deja de ser un lugar de libertad, controversia y formación crítica. Se convierte en uno donde prima lo individual y lo privado. Así se inmortalizan la indigencia intelectual y la exclusión.
Cuando un estudiante gana un cupo en una universidad pública, son cientos las expectativas que se despiertan en él y en su entorno social y familiar. Esas expectativas van más allá de convertirse en un profesional, potencialmente con el ingreso a las aulas va encontrando un camino para reivindicar su autoestima y sus derechos sociales y culturales. Pero si al ingresar a la Universidad se dedica al rebusque, a la venta informal en lugar de rebelarse contra su “destino” y aprovechar esa oportunidad de reivindicación intelectual, lo que está haciendo es perpetuar su estado de exclusión, y quienes le “colaboran” no le están dando un apoyo sino que lo están condenando a permanecer en el estado de discriminación que le impone una sociedad que deja por fuera de los derechos esenciales a los jóvenes en razón de su origen.
En un espacio académico y de formación, la cultura del rebusque afecta la autoestima y la dignidad del ser humano; quien defiende esas prácticas, lejos de estar haciendo una acción de solidaridad contribuye a perpetuar la discriminación y la exclusión. Esa actitud “caritativa” hace que el excluido no se rebele contra esa situación de sometimiento, de discriminación y de exclusión. Un estudiante dedicado a las ventas ambulantes o estacionarias desaprovecha su ingreso a la Universidad y las oportunidades de mejorar y dignificar su ser y el de sus familias; con su acción y decisión personal acepta como algo natural el sometimiento propio de la esclavitud que se practica en la sociedad contemporánea.

Las personas ingresan a la Universidad para potenciarse y cualificarse, mejorar su calidad de vida intelectual, política y cultural, por ello deben aprovechar la cercanía al conocimiento, a la tecnología, a la ciencia y a las expresiones estéticas y artísticas.

Un estudiante en situación de venta no interactúa políticamente en los espacios de conocimiento, no visita la biblioteca ni va a los laboratorios, no hace parte de grupos de investigación o extensión, no ejerce su función crítica con fundamentos y es proclive a la acción por la acción, no asiste o asiste poco a las clases, lo anotan en los trabajos, no participa de la programación cultural. En síntesis, no vive ni habita los espacios de intercambio cultural y político pues queda atado a la rutina de las pequeñas acciones comerciales de una venta al menudeo que lo aleja de convertirse en un empresario emprendedor, en un académico, en un dirigente social o político, en un creador o en un hombre o mujer de ciencia. En muchas ocasiones se convierte en un ser que explota a otros estudiantes o que se involucra en una cadena de negociantes externos que decidieron con nuestra complicidad privatizar los espacios universitarios, y quienes a la usanza de los viejos terratenientes, cada día corren sus cercas y se apropian de todos los espacios de intercambios en las cafeterías universitarias.

Esa actitud de rendición es una capitulación ante una sociedad estratificada como la nuestra, es una renuncia a dignificar su existencia y la de los suyos. Incluso, en ocasiones cuando tiene una opción por competir por una beca o una monitoría, no participa en ellas pues su imaginario, sus sueños se desvanecieron en la cultura del rebusque.

Si el estudiante estacionario dedicado al rebusque al final de los tiempos logra graduarse, carece de las competencias para ejercer su profesión, sus compañeros cansados de incluirlo en los trabajos solo lo recordarán por su situación de venta y no lo llamarán a participar de sus proyectos porque saben que no tiene las competencias.

Los profesores “solidarios” con la compra y los demás actores de la comunidad universitaria que tanto se esforzaron por mantener su situación de venta nunca lo invitarán a participar de un proyecto académico de investigación o extensión. Ellos saben que ese estudiante en situación de venta no es competente. La actividad comercial del rebusque al menudeo es una práctica de intermediación improductiva, es un rasgo de un modelo productivo de intermediación que perpetúa la indigencia y reproduce de manera infinita la desigualdad y el subdesarrollo. Quienes se han apropiado de los espacios de interacción social y política de la universidad no ejercen un emprendimiento empresarial, esa actividad no forma emprendedores ni empresarios ni líderes académicos políticos o sociales, no da valor agregado al producto de la venta, su ejercicio no otorga habilidades que le permitan posteriormente a la víctima incorporarse a la actividad intelectual, económica o empresarial. Dedicarse al comercio de las pequeñas cosas es perder el horizonte y renunciar a la reivindicación social e intelectual.

A la Universidad y al Estado les corresponde eliminar la cultura del rebusque en los predios universitarios y ofrecer programas, becas y apoyos, y reincorporar a quienes renuncien a esa cultura de la esclavitud intelectual. Esos apoyos deben exigir como contraprestación que el joven se acerque a las dinámicas políticas de la cultura, la investigación, la controversia y el análisis de los problemas locales y nacionales.

Claro que el estudiante que reciba esas facilidades no puede pretender que estas sean iguales o superiores a las ganancias que le produce la actividad del rebusque. Es urgente una política de responsabilidad del Estado, de la Universidad o la solidaridad de la comunidad universitaria y de los egresados pudientes con los jóvenes en situación de ventas. De igual forma, no se puede permitir ni facilitar que el estudiante explote comercialmente a otro estudiante ni que sea utilizado por los negociantes inescrupulosos externos que abusan de las necesidades de la vulnerabilidad y la fragilidad del joven carente de recursos.

Es preciso reivindicar la dignidad humana. Los espacios de la universidad, aulas, coliseos, cafeterías, zonas verdes, son para la academia, la cultura y la vida; son sitios para aprender, enseñar, compartir, interactuar, seducir, enamorar, besar… Son lugares para el cine, el teatro, el deporte o el ocio… son territorios para ejercer el derecho a la crítica y a la insumisión. El tiempo del universitario es para actividades que dignifiquen y cambien la estructura mental y el contexto de exclusión social que viven muchos estudiantes antes de su llegada a la universidad. El estudiante no debe aceptar ser un eslabón de una cadena de sumisión que no lo dignifica.

Es preciso suscitar y promover actos masivos de rebeldía contra estas prácticas y contra sus defensores internos, algunos apuntalados en una ideología y en prácticas que supuestamente propenden estimular la lucha social, pero que en la práctica solo propagan y perpetúan la inmovilidad política y fortalecen la marginación ejerciendo solidaridades cómplices que solo prorrogan la pobreza.

 

Este es mi comentario

Respetado Profesor Cadavid Marulanda,

Que mas puedo que expresarle mi profundo sentimiento de indignación al leer la columna en donde usted emite su opinión sobre las ventas ambulantes en nuestra querida Alma Mater. En él usted refleja no solo una insensibilidad abrumadora; sino que además emite juicios subidos de tono que afrentan, no solo a los compañeros y compañeras que en la actualidad ejercen esta actividad, sino también a muchos y muchas que hemos tenido el honor de desempeñarnos como estudiantes de la gloriosa Universidad de Antioquia y a la vez generarnos ingresos económicos a través de la venta y re-venta de bienes y servicios dentro de dicha institución.

Como egresada de la universidad y ex-vendedora de dulces y galletas en la U de A, le pregunto ¿De dónde saca usted los datos para afirmar que quienes venden o vendimos allí no asistimos a clase, no interactuamos en los espacios políticos o de conocimiento, no vistamos la biblioteca, ni los laboratorios, no realizamos investigación, no ejercemos nuestra función crítica y no sé cuantos más improperios? Si existe una investigación seria al respecto debo dejar claro que a mí nadie me entrevistó y le repito durante varios años vendí galletas, granolas, bufandas tejidas a mano y obleas para pagar los pasajes y las fotocopias y esto nunca afectó mi dignidad de ser humano o mi autoestima, todo lo contrario, el ser capaz de generar un ingreso, trabajar y estudiar a la vez, afinaron mi empoderamiento, mi sentimiento de ser y saberme capaz de mucho, incluso del rebusque y a su vez hicieron que yo no dependiera de una sola fuente de ingreso, porque eso sí me hubiese hecho vulnerable y servil.

Ahora, cuando usted exhorta a los estudiantes a potenciarse y cualificarse para generar empresa yo le pregunto, para emitir este juicio tuvo en cuenta que Colombia se reporta como un país “con más barreras para la creación de empresas, que casi ningún otro país del mundo… la desigualdad del ingreso y la falta de capital explican la escasa creación de empresas”1. Es decir, la opción de crear empresa para estudiantes descapitalizados es nebulosa por decir lo menos.

Por supuesto que con esto no quiero decir que quienes venden o vendimos dentro de la universidad deben resignarse a eso y no planear nada más, claro que no. Mucho menos que apoye la “privatización” de espacios dentro de la universidad, ni la explotación de unos estudiantes por otros, o que desconozca la responsabilidad que tiene el Estado de brindarles oportunidades verdaderas y equitativas a todos sus ciudadanos. Eso sí, y no a manera de “actitud caritativa” sino como acto decidido de solidaridad de clase no ataco las ventas dentro de la universidad, y claro está, y en eso si le doy la razón “el excluido debe rebe[larse] contra –toda- situación de sometimiento, de discriminación y de exclusión” incluso si esta situación le hace sentir que pierde el sustento económico que le permite subsistir mientras se forma como profesional.

Ah ya para terminar le cuento que yo, al igual que muchos de mis compañeras y compañeros vendedores, sí me gradúe, soy una bióloga bastante competente, he trabajado en varios espacios y en varios países, en la actualidad realizo una maestría en una de las diez mejores universidades del mundo y tengo un recuerdo bello de mi tiempo de vendedora de dulces, esta fue una actividad económica y social digna que no solo me ayudó con algunos gastos estudiantiles, sino que me preparó para lo que la vida real es: Un rebusque continúo.

1. http://www.elempleo.com/colombia/noticias_laborales/pasos-para-crear-empresa-en-colombia——————–/6585309

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