Cuento: Corazón….. Corazón…..

corazón

Corazón….. Corazón…..

A pesar de haber estudiado varias escuelas relativistas ella insistía en el maniqueismo antiguo.

Todo lo veía a blanco y negro. Su corazón tenía dos cámaras  y no cuatro como el de los demás… una era blanca bella allí llevaba sus buenos sentimiento… en la negra arrinconaba sus tristezas… que no eran pocas, era el pago que tenía que dar por haber decido vivir… por haber decidido usar el corazón cuantas veces fuese necesario.

Cuando su primer amor rompió su corazón, bueno romper es un decir, no lo rompió le abrió el pecho lo saco y fue a jugar futbol con él aun sangrante; supo cual sería su destino, amar el futbol.  Al fin en medio de sus dos pechos cada cierto tiempo crecía el balón perfecto que algún perfecto idiota de cuando en cuando decidia sacar y patear en alguna cancha desarropada de césped, despojada de cordura, completamente adolescente de compasión.

Por eso cuando ese día nuevamente aquel futbolista profesional realizó el rito de costumbre, ella más que dolor sintió emoción, pues por vez primera uno de sus balones amorosamente producidos sería utilizado en las grandes ligas. Corrió pues frente al televisor sintiendo el vacio de siempre y vio como él triunfante en medio de los espectadores exhibía tan redondo, rojo, rotundo y destilante corazón preparándose para un juego más. Las cámaras tomaron un primer primerísimo plano de los detalles de tan particular ejemplar que dejaba ver la experiencia, paciencia e impecable trabajo de la artesana productora. La muchedumbre abucheó y el partido comenzó. Ella lloró cual lo habitual aun en su repertorio de emociones no había una que sustituyera a la tristeza profunda que sentía cuando veía su corazón rodar por el centro del campo. 22 ejemplares lo pateaban por turnos, algunos por vez primera experimentaban lo suave de su textura pensando con curiosidad morbosa en quien habría estado abrigado antes de estar allí, otros ya curtidos por la experiencia tanto con esta como con otras calidades se divertían con inocencia infantil.

El medio campista y el armador sabían que el jugador profesional, que esta vez había traído el balón, quería meter el gol. Entre los tres confabularon con tal precisión y premeditación que pareció improvisado, el corazón de ella terminó en el fondo de la red no sin antes enviar una ráfaga sangrante a la enfurecida muchedumbre. Ella, una espectadora mas sintió como si su pecho se abriera de nuevo… pero esta vez no para cosechar su corazón si no para sacarle sus tripas perforándole la cavidad celomatica. Uno de los puntos que tan solo momentos antes había con tanto esmero cosido se comenzó a soltar emitiendo un ruido parecido al de una cuerda destemplada. Esa noche el partido terminó cinco cero, cuatro del futbolista profesional uno de su más fiero escudero, compatriota por cierto.

Orgulloso el delantero más efectivo de la noche alzó con el premio y con el balón para llevarlo a su morada y colocarlo en su colección de balones de la buena suerte… pero al sentirlo aun palpitante sintió curiosidad por revisar que había en su interior. No era usualmente curioso, pero un balón que después de un partido de 100 minutos seguía latiendo se la despertó. Tomo una navaja afilada comenzó a abrirlo capa por capa con tan mala suerte que abrió primero la cámara negra. Miles de fantasmas ocuparon su guarida, miedos infernales se le metieron por la boca removiéndole las tripas, llantos y llantos no llorados le perforaron los ojos y una tristeza débil casi tierna  le abrió el pecho y se le arrellanó en el corazón.

Aun frente al televisor estaba ella, otro punto en la sutura de su pecho se soltaba produciendo un sonido desafinado y seco, esta vez sonrió, sabia que aunque era un fenómeno escaso la cámara blanca había comenzado a crecer primero, seria amplia y luminosa, presentía que la negra no sería más grande que un cuartito de utilería fácil de limpiar de cuando en cuando, su sonrisa se amplió una vez más cuando recordó al jugador deseándole suerte, al fin y al cabo el futbol era su más amado entretenimiento.

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