Carta abierta a Donald Trump

Apreciado Donald Trump

Lo saludo. Le escribo en español no como acto de rebeldía o porque tenga algún significado político. Le escribo en español porque fue el idioma que me heredó el colonizador hace algunas generaciones y porque he olvidado mi lengua nativa y sagrada.

Hermano Donald, yo valoro mucho la fuerza que ha tenido para contener y canalizar la fuerza que usted canaliza. El miedo. El miedo crónico, el miedo infinito, el miedo. Usted con su ejemplo deja claro que todo lo que la sociedad occidental capitalista y patriarcal nos vende como cura para el miedo no funciona. En esta vida usted nació hombre, blanco, privilegiado, rico, poderoso. Capaz de imponer el terror a donde llega. Pero el tener todo esto no le a ayudado a disminuir el terror que abriga en su pecho, el miedo que por generaciones se ha arrinconado en los corazones de los hombres y las mujeres de su tribu.

No hay que ser muy inteligente para saber que cuando dijo que están enviando gente a América que tiene muchos problemas, gente que trae drogas, crimen, y violadores, usted no habla de los mexicanos (que entre otras cosas usted sabe bien que la mayoría son trabajadores incansables y lo han ayudado a hacerse más rico. Ellos han sido sus obreros de construcción, sus maquiladoras, sus cocineros y quien sabe cuantas más cosas), no, usted no habla de ellos. Usted habla de sus ancestros los colonizadores… los nacionalistas radicales… los hombres blancos, violentos y sanguíneos que sembrado el miedo en su corazón hasta el punto que lo han hecho olvidar su esencia bondadosa.

No hay que ser muy inteligente para entender que su aproximación utilitarista e irrespetuosa hacia las mujeres catalogándolas como objetos de placer estético y centrando todo su valor en su belleza y capacidad sexual (incluyendo acá a su propia hija) no son más que el reflejo de sus aprendizajes y miedos. Cuanto terror le tiene usted a lo que no conoce, a lo que no puede controlar. Cuanto terror le tiene a la fuerza femenina, cuanto dolor y rabia debió sentir su corazón al ver sufrir a las mujeres de su tribu, cuanta tristeza debió sentir al sentirse rechazado por ellas.

Usted ya vió y experimentó en su cuerpo, su mente y su espíritu que el poder, el dinero, el privilegio, la violencia no dan paz. Los maestros espirituales Donald sin duda están agradecidos con usted por mostrarle eso al mundo de manera tan evidente. La paz, que es lo contrario al miedo, hermano Donald se encuentra enfrentando los miedos –no construyendo paredes para alejarlos-, se encuentra entendiendo a quienes nos hacen daño para luego construir el perdón; el miedo a la feminidad se supera atrayéndola, conociéndola y la energía femenina no es posible poseerla a la fuerza o través del chantaje o el dinero, eso usted ya lo sabe.

La paz está en dar, en compartir, en amar, en perdonar, en renunciar a la violencia. Quizá sea usted Donald, el llamado a cerrar el círculo de dolor en su tribu, a sublimarlo, a convertirlo en gozo, en perdón en reencuentro, en valoración. Ya tiene toda la atención en usted, imagina que pasaría si justo ahora usted decide parar esa carrera loca de exacerbar las diferencias y los odios entre la población de los Estados Unidos? Se imagina que pasaría si usted decide sanarse, buscar la paz dentro de usted, amar a su prójimo sin importar el color de su piel, el país de donde provenga o la religión? Qué pasaría si reparte su riqueza, si se reconecta con la Madre Tierra y le pide perdón? Se imagina lo que va a pasar cuando ella lo perdone?

Donald es un momento histórico para usted y los de su tribu, las miradas del mundo están en usted, y usted ahora tiene el poder de contribuir sustancialmente al balance de la humanidad. Si usted y lo que usted encarna es capaz de enfrentar al miedo y de conseguir la paz, Donald, este mundo mucho más temprano que tarde estará disfrutando de otra realidad… este mundo estará mucho más cerca de lo que Schiller (quien lo diría, otro miembro de su tribu) profetizó hace unos años “¡Alegría, hija del Elíseo! Tu hechizo vuelve a unir lo que el mundo había separado todos los hombres se vuelven hermanos allí donde se posa tu ala suave.”

 

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