Biocombustibles, cambio climático y seguridad alimentaia: Historias encontradas

Biocombustibles, cambio climático y seguridad alimentaia: Historias encontradas

 1. Introducción

El descubrimiento de pozos petrolíferos alcanzó su punto máximo en los 1960s, no es sorprendente entonces que el punto máximo de producción ahora esté cercano, un reflejo de esto es que en la actualidad se encuentra un barril de petróleo por cada cuatro barriles que se consumen[1]. Como consecuencia,  las naciones pertenecientes al OECD –la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, [compuesta por 34 estados, en su mayoría pertenecientes a Europa y Norteamérica]  quienes consumen el 56% de la energía del planeta, tienen la necesidad imperiosa de obtener un sustituto para el combustible fósil que además de escasear es uno de los principales causantes del cambio climático global a través de la emisión de CO2 y otros gases del efecto invernadero. (Altieri & Bravo, sin fecha).

En respuesta a esta problemática se ha planteado la posibilidad de aprovechar la capacidad de, a través de tecnologías, transformar biomasa vegetal en combustible líquido conocido también como biocombustible. Por ejemplo, el bio-etanol, un tipo de biocombustible, puede ser producido a partir de biomasa de desechos convirtiendo así la celulosa en azucares por medio de vapor y enzimas (Chan et al, 2004), para luego ser fermentadas y producir etanol.

Según la materia prima que se utilice y el proceso mediante el cual se obtengan los biocombustible, estos se dividen en biocombustibles de primera generación y de segunda generación. Los biocombustibles de primera generación son aquellos producidos a partir de azucares, almidones y aceites vegetales por fermentación, un proceso análogo a la fermentación de fructosa de la cual resulta el vino. Los principales productos utilizados en su producción son soya, mostaza, girasol, aceite de palma y algas. Este tipo de biocombustible presenta varias limitaciones como la potencial amenaza al suministro de alimentos, amenaza a la biodiversidad y la alta dependencia de subsidios. Los biocombustibles de segunda generación buscan superar estas limitantes utilizando materias primas que no sean alimentos, como los residuos no comestibles de las plantas (tallos, hojas y cascaras), pastos, piñón, aserrín y pulpas de frutos, a través de un proceso químico que convierte la celulosa en azucares, los cuales posteriormente son fermentados en etanol, tal como se describió previamente.[2]

Hay puntos de vista encontrados en esta alternativa propuesta para enfrentar el agotamiento del combustible fósil. Por una parte los biocombustibles han sido promovidos como una  prometedora alternativa al petróleo. La industria, los gobiernos y científicos impulsores de los biocombustibles afirman que servirán como una alternativa al agotado petróleo, mitigando el cambio climático por medio de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentando los ingresos de los agricultores, y promoviendo el desarrollo rural (Altieri & Bravo, sin fecha). Se argumenta que cuando el etanol producido a partir de fibras se usa como combustible, este simplemente recicla CO2  a la atmosfera y no produce más CO2  teniendo así un efecto neutral respecto a la emisión de gases de efecto invernadero (Chan et al, 2004). Mientras que por otro lado, se dice que  la implementación masiva de la producción de biocombustibles desplazará a miles de agricultores, disminuirá la seguridad alimentaria de muchos países y acelerará la deforestación y la destrucción del medioambiente en el Sur Global [quienes se encargarán de proveer materias primas para la producción de biocombustible que principalmente se consumirá en el norte global] (Altieri & Bravo, sin fecha)

El presente ensayo tiene por objetivo revisar de manera analítica estas dos posiciones contrastantes en cuanto a la producción tanto de biocombustibles de primera generación, es decir aquellos que de manera directa tienen la potencialidad de perturbar el sistema alimentario a través de la competencia por tierra y por distorsión de precios gracias a la mayor demanda; como de algunos biocombustibles de segunda generación, que si bien no compiten directamente con los alimentos sí lo hacen de manera indirecta a través de cambio de uso de suelo y demanda de recursos como agua y fertilizantes. Dicho análisis se hará desde la perspectiva de la teoría de sistemas complejos, tratando de identificar elementos, interacciones y posibles dinámicas de acuerdo a las condiciones del sistema. Por último se discutirá un estudio de caso de producción de materia prima para la generación de biodiesel promovida por las políticas públicas del estado de Chiapas.

Figura1

Figura 1. Esquema general que relaciona las unidades estudiadas en el presente ensayo y algunas de sus posibles interacciones. Los puntos problemáticos donde hay posiciones encontradas y la respuesta final depende en gran parte del punto desde el cual se enfoque se representan +/-.

2. Potenciales Beneficios de la Producción de Biocombustible

La seguridad energética se ha convertido en un tema importante en los países con altas demandas de combustibles. En los Estados Unidos por ejemplo en 2007 se firmó una ley llamada “Acto de independencia y seguridad” la cual entre otros promueve el incremento en la producción de combustibles limpios y renovables[3]. La meta que se determinó alcanzar es mezclar 36 mil millones de galones de combustibles renovables con los combustibles convencionales en USA para el 2022[4]. Brasil también ha establecido tanto la producción como el consumo de biocombustibles dentro de sus prioridades para garantizar mayor control sobre los precios y la demanda de combustibles. Es así como autorizó inicialmente la mezcla de biocombustible con combustible convencional del 2%[5], sin embargo según el ministerio de Minas y Energía Brasilero la meta será superada al 5% en el tercer trimestre de 2011[6]. Este es pues el primer potencial beneficio de la producción de biocombustibles: la promoción y consolidación de la seguridad energética en países altamente dependientes de combustibles fósiles como lo son los Estados Unidos de Norteamérica y Brasil.

Estudios realizados por los Departamentos de Energía y de Agricultura de los Estados Unidos[7] encontraron que: por cada unidad de energía fósil usada en el ciclo del proceso de producción de biocombustibles a partir de soya, se producen 3.2 unidades de energía, lo que da como resultado un balance positivo del 320%. Según sus autores dicho estudio tuvo en cuenta todos los insumos asociados al crecimiento y cosecha de la soya y al transporte del biocombustible al usuario final. Además este proceso de producción de biocombustible arroja como producto secundario la glicerina, la cual es de alto valor y es usado en la industria farmacéutica, dando así mayores ingresos netos a los productores de biocombustible y mayor resistencia a los cambios de precios del mismo. Al evaluar la relación costo beneficio del biocombustible utilizando como materia prima el maíz se concluyó que la relación es positiva a una tasa del 1.67, es decir 167%[8] He aquí pues el segundo beneficio potencial de la producción de biocombustibles generación de ingresos y estabilidad al sector encargado de su manufactura pues a la par que produce ingresos al ser diversificada tendrá mayor resistencia a los embates de la volatilidad de los precios del combustible.

Según el Ministerio de Minas y Energía brasilero[9] desde el punto de vista laboral la producción de biocombustibles puede generar aumento en el ingreso de los productores y más trabajos tanto en el área rural como en la industria. Se necesitaran muchos trabajadores para cultivar las semillas, proveer asistencia técnica a los agricultores, y operar las instalaciones industriales donde se refina y se produce el combustibles, al igual que para el transporte y la distribución. Así pues las ventajas asociadas al aumento de los ingresos no solo serán para el sector manufacturero sino también para el sector productor representado principalmente por los productores agrícolas, y para el sector de prestación de servicios, a través de la demanda de mano de obra tanto calificada como no calificada. Este es pues el tercer potencial beneficio que podría traer la industria de los biocombustibles: Aumento en los ingresos de los países productores tanto en el sector productor de bienes como de servicios.

En adición a estos beneficios se espera que la implementación de la producción masiva de biocombustibles ayude a mitigar el calentamiento global a través de la reducción de la cantidad de gases emitidos por los vehículos, y el secuestro de carbono hecho por las plantaciones destinadas a su producción. Este pues es el último beneficio potencial que será presentado en el este ensayo: Mitigación del cambio climático global.

Figura 2

Figura 2. Esquema que resume las potenciales fortalezas de la producción de biocombustibles.

3. Argumentos en Contra de los Potenciales Beneficios de la Producción de Biocombustible

En cuanto a los beneficios prometidos como la consolidación de la soberanía energética, generación de ingresos y estabilidad al sector manufacturero y el aumento en los ingresos de los países productores tanto en el sector de bienes como de servicios algunos autores argumentan que no hay tales. En primera instancia si entendemos la seguridad energética como: “la capacidad de un país para satisfacer la demanda nacional de energía con suficiencia, oportunidad, sustentabilidad y precios adecuados, en el presente y hacia un futuro” [10] Es fácil entender que ésta será cada día más difícil obtenerla dado que se proyecta la disminución acelerada hasta el agotamiento del suministro de combustibles fósiles, principal fuente energética de que la sociedad actual dispone para lograr dicha seguridad. Se confía entonces en el biocombustible como solución a la problemática del agotamiento.

En los tanques de gasolina de muchos automóviles estadounidenses se lee “Biodiesel no war required”, esto lleva a algunos desprevenidos a pensar que Los Estados Unidos cuenta con la infraestructura para lograr no solo su seguridad energética, sino su soberanía entendida ésta como la capacidad de por sí mismo autoabastecerse en materia de combustibles, sin embargo se puede ver cómo a pesar de que en el 2006 una quinta parte de la cosecha de maíz en USA fue destinada a la producción de etanol, ésta suplió solamente el 3% de la demanda de combustible de este país (Bravo 2006 citado por Altieri & Bravo, sin fecha), apoyando así lo que sugieren Altieri y Bravo  “Estados Unidos no será capaz de producir domésticamente toda la biomasa suficiente para satisfacer su apetito de energía. En cambio, los cultivos energéticos serán sembrados en el Sur Global. Grandes plantaciones de caña de azúcar, palma africana y soya ya están suplantando bosques y pastizales en Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador y Paraguay”.

México no es ajeno a esta realidad, ya en 2008 el congreso  promulgo la ley de promoción y desarrollo de los bioenergéticas (DOF 2008 citado por Valero 2010:15). Gracias a ésta se estableció que a partir de 2009 se podrían disponer de alrededor de 70 mil hectáreas para cultivos orientados a la producción de biocumbustibles, cifra que se incrementara a 300 mil hectáreas en el año 2012 (Sagarpa 2007, citado por Valero 2010:17). Esta cifra es equiparable con las hectáreas destinadas a la siembra de café, principal producto agrícola chiapaneco, las cuales ascienden aproximadamente a 244 mil[11]. Apoya esto pues el postulado de que las tierras de los países del sur, incluido México, gracias a la voluntad política de los gobiernos utilizaran su suelo para producir materias primas que promuevan la seguridad energética de los países que puedan pagar por obtener el biocombustible. Quedan entonces abiertas las siguientes preguntas ¿Sera verdad que la producción de biodiesel (biocombustible) no necesitara una guerra tal como en la actualidad se hace para obtener combustible fósil?, ¿Tendrá el mercado la el poder de persuasión suficiente para convencer a millones de campesinos a sembrar cultivos de materia prima para biocombustibles? Y por ultimo ¿Mejorara la calidad de vida de aquellos quienes lo hagan?

Es pues conveniente remitirnos a las posiciones tomadas por algunos movimientos sociales que agrupan a pequeños productores campesino. Algunos sectores del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en Brasil dicen que la producción de biocombustibles “todavía necesita hacer frente a las necesidades de inclusión de los agricultores familiares”[12]. La Vía Campesina, movimiento social que agrupa a 150 organizaciones locales y nacionales en 70 países de África, Asia, Europa y América. [y que] en total, representa a alrededor de 200 millones de campesinos y campesinas, [13] va mas allá y asegura que esta iniciativa productiva solo “proporcionan nuevas formas para que las empresas transnacionales se expandan y consoliden el control de las semillas, tierras, aguas y bosques, y por lo tanto representan una amenaza grave para los agricultores, los pueblos indígenas, pescadores y los trabajadores rurales”. Es evidente pues que el sector rural de los pequeños agricultores organizados no perciben las bondades ni económicas ni ambientales de la producción de biocombustibles, por el contrario muchos de ellos lo ven incluso como una amenaza a la tenencia de sus tierras, su diversidad filogenética y la disponibilidad de recursos como agua y nutrientes.  En resumen como lo expone el profesor de la Universidad de Nebraska K. Cassman (2007), “agricultores [en su mayoría terratenientes] dedicados a la producción de materias primas para biocombustibles [probablemente] disfrutaran de altos precios e ingresos. En contraste, los pobres rurales y urbanos de países importadores de alimentos pagarán mayores precios por la canasta básica y habrá mucho menos granos disponibles para ayuda humanitaria”

Otro elemento que merece ser tratado es que al hecho de que los países potencialmente consumidores de biocombustibles no serán quienes produzcan la materia prima para su producción sino que ésta estará a cargo de países con surplus socio-ambiental es decir con suelos, agua, nutrientes y mano de obra necesarios, se une el hecho la baja tasa de rendimiento reportada por algunos autores. El profesor de Cornell, David Pimentel y de UC Berkeley Tad Patzek reportaron que su producción es energéticamente insostenible, su estudio encontró que, al comparar la energía obtenida con la energía gastada en la producción de bioetanol, el  maíz requiere 29% más energía que el combustible producido, el pasto varilla requiere 50%, la biomasa obtenida a partir de madera requiere 57%, la soya requiere 27% mas y el girasol requiere 118% más energía fósil que el combustible producido. Dicho estudio incluyó tanto los factores energéticos usados en la producción de la materia prima (incluidos la producción de pesticidas y fertilizantes…) como la energía usada en la fermentación y destilación del etanol. (Pimentel & Patzek, 2005) Otros autores como Chan (2004) en un estudio acerca de la producción de bioetanol en Canadá, encontraron que el costo de producir bioetanol es significativamente mayor que la gasolina antes de impuestos.

Por último en respuesta al argumento de que la producción de biocombustibles ayuda en la Mitigación del cambio climático global se argumenta que: “El incremento en la demanda de comida para humanos, alimento para animales y para combustible no solo pone una presión adicional al mercado de alimentos, sino que resulta en un incremento a la presión de los hábitats y servicios ecosistemicos. En algunos casos incluso disminuye la regulación cultural, y el apoyo a estos servicios teniendo como resultado la trasformación completa de los ecosistemas o hábitats. Por ejemplo, la conversión de áreas naturales en campos de producción de biocombustibles, lo cual resultaría en la disminución sustancias de la capacidad de secuestro de carbono” (Prints, 2011:1). Muchos temen que sea el caso de programas como el REDD+ (Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation) que promueve el ingreso al mercado de los bonos de carbono de las tierras agrícolas, según el Indigenous Environmental Network, este programa está lleno de “incentivos perversos” para convertir bosques naturales en monocultivos, [muchos de ellos destinados a la producción de biocombustibles] de árboles aumentando de ese modo la deforestación[14].

figura 3

Figura 3. Esquema que resume las potenciales debilidades de la producción de biocombustibles. Es importante anotar que los detractores de la producción de biocombustibles alegan que su imposición viene de jerarquías superiores.

4. Conceptos de la teoría de sistemas complejos aplicados al caso de la producción de biocombustibles y la seguridad alimentaria.

En el apartado dos y tres se discutieron los puntos encontrados en la polémica concerniente a este ensayo. En el presente aparte se pretende hacer una integración de conceptos de la teoría de sistemas complejos al la problemática revisada.

Histéresis: Cuando la historia importa

La histéresis en los sistemas complejos hace referencia a la importancia que tiene la historia del sistema y sus condiciones iníciales a la hora de buscar un atractor de equilibrio estable. Esta característica es perfectamente aplicable al asunto de la producción masiva de biocombustibles. Por ejemplo al analizar la rentabilidad económica que potencialmente pueden brindar estos a quienes lo producen, no será el mismo punto de equilibrio estable al que llegara un terrateniente, acaudalado, que tiene muchas otras fuentes de ingreso, cuya seguridad alimentaria no depende de la producción de este bien, sino que solo lo usa como una inversión a mediano plazo que le permita acumular más capital, y que además tiene gastos de producción bajos dada la abundate mano de obra; que el punto de equilibrio estable al que llegará un pequeño productor pobre, que dedica la mayor parte de su parcela a la siembra de la materia prima para la producción de biocombustible poniendo en riesgo su seguridad alimentaria, que carece del capital suficiente para la compra de agroinsumos que le permitan obtener la calidad adecuada para entrar al mercado, y que depende completamente de los ingresos producidos por la venta del bien producido. Sin duda su vulnerabilidad será más alta. Es posible que este ejemplo pueda ser extrapolado incluso a nivel de país, pues no será igual la dinámica que seguirá la economía de un país que subsidie tanto la producción como el consumo de biocombustible, como de aquel que carezca de los recursos para hacerlo. En resumen, las condiciones iniciales del sistema de producción de biocumbustibles determinan en un alto grado el resultado, al menos a nivel económico que ésta tendrá siendo así un ejemplo de la histéresis del sistema.

No linealidad: Pequeñas perturbaciones que causan grandes cambios.

No es igual el impacto ambiental que causa la siembra y el mantenimiento de un monocultivo de 100 hectáreas que de 300 mil hectáreas. Lo más probable es que dicho impacto no sea lineal. Como lo argumenta Young et al (2006) Los [agroeco] sistemas gracias a sus propiedades de resiliencia y robustez pueden enfrentar perturbaciones sin tener que recurrir a cambios estructurales y la capacidad para hacerlo dependerá de la persistencia y del tamaño del estimulo. Visto desde este punto de vista es esperable que el impacto ambiental; entendido como la contaminación de acuíferos, erosión de suelos, agotamiento de nutrientes y salinización; aumentara de manera no lineal al incrementar el estimulo, entendido este como la incorporación de grandes cantidades de fertilizantes, plaguicidas y riego. Desde el punto de vista social se puede esperar algo similar, no en vano uno de los objetivos de hacer monocultivos es disminuir los costos de producción y el empleo de mano de obra; así pues es esperable que la cantidad de mano de obra necesaria para mantener grandes monocultivos disminuirá no linealmente a medida que aumenta su extensión y mecanización, pudiéndose ver esto reflejado en desempleo y descomposición social.

Atractores: Ricos más ricos, pobres más pobres

Para ilustrar este punto será necesario remitirse al término acuñado por Waddington (1957) “creódo”, se entiende por creódo una trayectoria relativamente estable del desarrollo de un sistema (Waddington 1957 citado por Hidalgo 2007), entonces se tiene que un atractor es una región dentro de esta trayectoria que ejerce una atracción “magnética” sobre un sistema, y parece arrastrar el sistema hacia si (Briggs & Peat, 1991). Según Hidalgo (2007) un cambio de código ideológico, o mutación ideológica, implica necesariamente un salto creódico o un cambio en la trayectoria del sistema, en otras palabras un cambio estructural. Visto desde el punto de vista económico y bajo el paradigma capitalista, la producción de biocombustibles no busca hacer ningún cambio estructural, por el contrario pretende ser un paliativo a la crisis energética que mediante la provisión de combustibles líquidos alternativos permita mantener el status quo del sistema altamente demandante de energía. El que no haya salto creódico en la producción de biocombustible implica entonces que los atractores desde el punto de vista económico en el sistema son los mismos, ser rico o ser pobre. Desde el punto de vista de la producción de biocombustibles la cual promueve la concentración de capital a través de la implementación de monocultivos y el fortalecimiento de corporaciones tanto productoras de insumos como comercializadoras, es de esperar que el atractor de este grupo de actores sea el usual, ser más ricos, acumular más. De otro lado lo que puede ser esperado por los pequeños agricultores que luchan día a día por su subsistencia sea el atractor usual, ser más pobres.

5. Producción de Biocombustible a partir de Jatropa curcas en Chiapas.

Anteriormente se expuso que tanto el gobierno federal mexicano como el gobierno de Chiapas tienen voluntad política en promover la siembra de plantas destinadas a la producción de biocombustibles. A continuación se utilizara lo reportado por Valero (2010) para ilustrar un ejemplo de la implementación de estas políticas en Chiapas.

Uno de los cultivos utilizados ha sido la Jatropha, pues se argumenta que tiene pocos requerimientos agroecológicos, que crece sin mayores demandas de agua y fertilizantes y que es capaz de dar buenas producciones incluso si se siembra en terrenos marginales no aptos para la agricultura, además no es comestible consecuentemente no amenaza la seguridad alimentaria de las familias; por el contrario ayuda a mitigar el cambio climático, reducir la pobreza y a obtener autosuficiencia energética. Es así como el gobierno chiapaneco subsidió a quienes decidieron plantarlo en 2008 con 120 salarios mínimos por hectárea y en 2009 con 135 salarios mínimos por hectárea, equivalentes a $6310 y $7398 respectivamente (Valero, 2010: 2). Al indagar entre los productores los factores que afectaron el crecimiento del piñón, el tipo de suelo utilizado para su producción y las implicaciones sobre la seguridad alimentaria, se encontró que los principales factores de afectación fueron la entrega de semilla en mal estado, plagas, y enfermedades; que el suelo utilizado era principalmente de uso agrícola utilizado previamente para maíz y que la mayoría de ellos a pesar de que disminuyeron su área dedicada para la siembra de maíz entre el 50% y el 80%, principalmente por el alto precio de los insumos agrícolas, mantuvieron el abasto familiar de maíz a partir de entre 0.25 y 1 hectáreas sembrada.

Desde el punto de vista de los sistemas se es interesante resaltar los siguientes puntos: i) Según lo encontrado los pequeños y medianos productores dedican más del 70% a la siembra de piñón mientras los grandes menos del 45%. ¿Podría ser esto visto como disminución en la diversidad, por lo tanto menor capacidad de innovación, menor resiliencia y robustez por lo tanto mayor vulnerabilidad? ii) ¿Son los subsidios gubernamentales una distorsión al balance costo/beneficio y de ser así se producirán respuestas no lineales en la calidad de vida de quienes lo sembraron de ser retirados? Y iii) Si bien se aprecia que los productores de piñón tienen asegurada su ración anual de maíz, ¿La disminución en la siembra del mismo afectara la seguridad alimentaria de los poblados cercanos, serán pues la escases y la carestía una propiedad emergente de este sistema?

6. Conclusiones

La producción de biocumbustibles sin duda representa un ejemplo de problemática socioambiental compleja, ya que vista desde diferentes perspectivas presenta diferentes resultados y dinámicas. Sin embargo es innegable también que por sí misma no propone ningún cambio estructural al sistema que tenga la potencialidad de contribuir positivamente a la resolución del calentamiento global, de la seguridad alimentaria o de la pobreza rural. A pesar de que nuevas propuestas tecnológicas que prometen superar los problemas acá revisados ya hay miles de hectáreas de materia prima para biocombustibles en el mundo, corresponderá entonces a los gobiernos y los pueblos apelar a la robustez y resiliencia de sus sistemas para enfrentar las consecuencias tanto esperadas como no esperadas que estos traigan.

Bibliografía

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Briggs J, Peat D. 1991. Espero y reflejo: del caos al orden. Guia ilustrada de la teoría del caos y la ciencia de la totalidad. Ed Gedisa.

Chan, A. W., R. Hoffman, and B. McInnis. 2004. The role of systems modeling for sustainable development policy analysis: the case of bio-ethanol. Ecology and Society 9(2): 6. [online] URL: http://www.ecologyandsociety.org/vol9/iss2/art6 consultada junio de 2011.

Hidalgo A. 2007. La Autorregulación de una Economía Territorial. Una perspectiva postmoderna Territorial. En www.moebio.uchile.cl/29/hidalgo.html consultada junio de 2011.

Pimentel D, Patzek T. 2005. Ethanol Production Using Corn, Switchgrass, and Wood; Biodiesel Production Using Soybean and Sunflower. Natural Resources Research, Vol. 14, No. 1.

Prins, A., B. Eickhout, M. Banse, H. van Meijl, W. Rienks, and G. Woltjer. 2011. Global impacts of European agricultural and biofuel policies. Ecology and Society 16(1): 49. [online] URL: http://www.ecologyandsociety.org/vol16/iss1/art49/

Valero J. 2010. Jatropha curcas para la producción de biodiesel en Chiapas. Agricultores participantes, tierras empleadas y sustitución de cultivos. ECOSUR.

Young O, Berkhout F, Gallopin G, Janssend M, Ostromf E, Leeuwd S. 2006. The globalization of socio-ecological systems: An agenda for scientific research. Global Environmental Change.


[1] http://www.mbendi.com/indy/oilg/p0070.htm

[2] http://en.wikipedia.org/wiki/Second_generation_biofuels

[3] http://www.epa.gov/lawsregs/laws/eisa.html

[4] http://www.nrel.gov/biomass/proj_process_sustainability.html

[5] http://www.mme.gov.br/programas/biodiesel/galerias/arquivos/biodiesel/cartilha_biodiesel_ingles.pdf

[6] http://www.mme.gov.br/mme/noticias/destaque_foto/destaque_278.html

[7] http://grove.ufl.edu/~bests/Net%20Energy/NBBJuly05.pdf

[8] http://www.usda.gov/oce/reports/energy/net_energy_balance.pdf

[9] Ibid

[10] http://www.jornada.unam.mx/2008/05/29/index.php?section=politica&article=022a1pol

[13] http://www.viacampesina.org/sp/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=27&Itemid=44

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