A Tatiana.

Teníamos como 9 años cuando esto nos pasó.

Llegaste a vivir de los Llanos Orientales al lado de mi casa, imagino que tu familia se movió a Medellín buscando mejores oportunidades para ti y para tus hermanos. Llegaron a administrar ese restaurante, no se si sabían que los sicarios que operaban en área se encontraban allá para “descansar”, de verdad, no se si sabían. Solo sé que fui tan feliz de tenerte como vecina, que mis días en la escuela parecían mas cortos. Llegar a mi casa era una fiesta, luego de hacer las tareas podía invitarte a jugar conmigo, en mi patio. Contigo aprendí a saltar el lazo, a hacer el ocho cruzando mis manos mientras saltaba, nunca te dije pero pasé horas practicando para aprender, estaba cansada de que siempre me ganaras.

También pase horas dibujando ese caballo, el de Bolívar, el Palomo parado en sus dos patas traseras. Quería hacer un dibujo que fuera al menos la mitad de bueno que los tuyos, estaba cansada que me ganaras también dibujando. Creo que logré impresionarte con mi caballo, recuerdo que después de que lo viste nunca más volviste a chicaniarme con tus dibujos.

No estaba en mi casa el día que mataron a casi toda familia. No estaba cuando mataron a don Pompilio, a doña Ruby y a todas esas otras personas, como doce en total, mucho de ellos sicarios, según decían. Yo estaba en el centro acompañando a mi mamá a hacer no se que cosa.

Cuando llegué me contaron que un escuadrón de la muerte de varios hombres encapuchados llegó al frente de nuestras casas, vestidos de negro de los pies a la cabeza. Parquiaron sus motos, sacaron sus metralletas, entraron al restaurante y mataron a todos y todas, no quedo nadie. Tu tampoco estabas en tu casa, me contaron. Yo estaba ansiosa por verte para jugar, pero me encontré con que el restaurante estaba completamente destruido, la parte trasera, que era tu casa, estaba totalmente destruida también. Solo había confusión. Nunca más te volví a ver. Nunca más volví a saltar lazo, y por más de 25 años no volví a dibujar.

Supe que estabas viva porque mi papá me contó que tu hermano le contó un par de días después de la masacre. Tu hermano regresó a tu casa a recoger unas cosas y cuando fue a salir vio que había un par de “esos” hombres al frente y sintió miedo. Salto por el muro y calló a mi patio, el mismo en el que jugábamos, allá espero hasta que se fueron. Creo que durante ese tiempo habló con mi papá, quien sabe que más le dijo, nadie lo sabe, nadie lo sabrá, mi papá también murió unos años después. Ahora que lo pienso creo que por esos días le empezó un cáncer que se lo llevo hace 22 años.

A la semana vi en un bus de Circular Sur a uno de los meseros que trabajaba con tus papás. Estaba vendiendo chicles y Frunas, tenia la mirada desorbitada y solo decía que estaba juntando para el pasaje para regresar a los Llanos.

Nunca lloré por eso. Mi cuerpo de 9 años entendió que de nada servía llorar. No se sobrevivía la Medellín de los 90s llorando, sino aguantando, eso entendí, así lo viví. Hoy 26 años después lo lloro. Cuanto dolor, cuanta humillación, cuanto miedo, cuanta muerte, cuanta sangre derramada.

Tatiana, donde quiera que estés quiero que sepas que sobreviví. Esa niña de 9 años sobrevivió la Medellín de los 90s. Hasta hace muy poco entendí lo que dice la canción, “ya no quiero ser solo un sobreviviente, quiero elegir el día para mi muerte”

Tatiana, yo estoy viva, quiero vivir, me gusta vivir y desde lo más profundo de mi corazón, deseo que tu también.

IMG_0231

Leave a Reply

Your email address will not be published.